Mindmore, Autor Mindmore https://mindmore.com.mx/author/mindmore/ Servicios de Consultoría Estratégica para un Mundo Complejo Thu, 03 Jul 2025 19:57:01 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.8.2 https://mindmore.com.mx/wp-content/uploads/2025/06/favicon-mindmore-150x150.png Mindmore, Autor Mindmore https://mindmore.com.mx/author/mindmore/ 32 32 Generaciones de choque https://mindmore.com.mx/generaciones-de-choque/ https://mindmore.com.mx/generaciones-de-choque/#respond Thu, 03 Jul 2025 19:51:48 +0000 https://mindmore.com.mx/?p=481 Un gran malentendido que puede salir muy caro Por: Mario Alberto García Valdez | Chief Strategy Officer  Cuando me invitaron a desarrollar la idea y despues fundar el CTIN (Centro de Tecnología e Innovación) en 2011, con apenas 30 jóvenes brillantes, el objetivo era claro; crear el semillero de jóvenes con talento más importante del […]

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Un gran malentendido que puede salir muy caro

Por: Mario Alberto García Valdez | Chief Strategy Officer
 

Cuando me invitaron a desarrollar la idea y despues fundar el CTIN (Centro de Tecnología e Innovación) en 2011, con apenas 30 jóvenes brillantes, el objetivo era claro; crear el semillero de jóvenes con talento más importante del país. Se logró. Años después, el CTIN ya había reclutado a más de 500 jóvenes, y se había consolidado como el hub de innovación más importante de Latinoamérica, operando desde Plaza Carso y empujando la transformación digital en México.

Ahí aprendí algo que nunca olvidé.

“El talento no tiene edad, pero sí exige que aprendamos a hablar su idioma.”

Durante años, trabajé en el corazón de la industria de telecomunicaciones, donde los liderazgos tradicionales todavía gobernaban con lógicas de permanencia, jerarquía y control. Cuando intentamos insertar nuevas generaciones con ideas frescas, creatividad desbordada y hambre de propósito, nos dimos de frente con una muralla. El problema no era el talento. Era la traducción.

“Las generaciones no se entienden porque no se escuchan entre ellas”

Hoy convivimos varias generaciones en un mismo entorno, y entenderlas sin filtros, es esencial para lograr algo más que tolerancia; colaboración real.

La Generación X, la mía, nació entre 1965 y 1980. Somos hijos de la transición. Crecimos sin redes sociales, con la idea de que la estabilidad era el camino al éxito, que “el que madruga, Dios lo ayuda”, que entre más años en una empresa, mejor, y que callar era una forma de aguantar. Somos resilientes, sí… pero también aprendimos a tragar emociones hasta perderlas de vista. Muchos aún llevamos ese escudo puesto.

Luego llegaron los Millennials, entre 1981 y 1996. Productivos como pocos, versátiles, enfocados. No quieren vivir para trabajar, sino trabajar para vivir. No se casan con oficinas ni con títulos, pero sí con causas. No es que abandonen fácil, es que no están dispuestos a hipotecar su bienestar por sistemas que no les hacen sentido. Son los primeros que miraron de frente al modelo tradicional y dijeron: “No gracias”, “Así, no.”

Después vino la Generación Z, nacida entre 1997 y 2012. Nativos digitales, conectados desde siempre. No piden permiso para aprender ni para crear. Son rápidos, críticos y emocionales. No toleran la incongruencia ni los discursos vacíos. No les pidas que se pongan la camiseta de una empresa si no hay coherencia real detrás. Son impacientes, sí, pero también increíblemente lúcidos, con una inteligencia emocional muy por encima de la que solemos reconocer.

Y por último, está la Generación Alpha, los más jóvenes, nacidos a partir de 2013. No solo están creciendo, están observando todo. Están enojados. ¿Cómo no estarlo? Heredan un mundo en crisis climática, desigualdad sin escrúpulos y líderes mundiales que no están a la altura. Su enojo es legítimo porque heredan un mundo roto y no ven respuestas claras. Si no empezamos a escucharlos ahora, será tarde cuando quieran hablar.

Hablemos un poco de lo que llaman la “generación de cristal”… ¿o debemos decir la generación emocionalmente responsable?

Mucho se les ha dicho a los Millennials y Z, especialmente eso de “generación de cristal”. Que se ofenden fácil, que no aguantan presión, que renuncian al primer problema. Pero te pido análizar lo siguiente.

Ellos no son frágiles, son más conscientes. Se atreven a hablar de salud mental, de burnout, de ansiedad, de depresión. Cuestiones que la generación X —yo incluido— muchas veces ocultó por miedo a parecer débiles. Ellos no callan lo que los rompe. Lo enfrentan. Y eso no es debilidad, es valentía.

Además, son claros con lo que los hace felices. No están esperando una palmadita del jefe ni una medalla de oro por 20 años de “lealtad”. Ellos quieren proyectos, no puestos. Propósito, no promesas.

Hay que reconocer que en todas las generaciones hay personas brillantes y otras que no se comprometen. No es un tema generacional, es un tema humano. A veces, decir que “los jóvenes no quieren trabajar” es más una resistencia a cambiar nuestra percepción que una verdad absoluta.

Sin comunicación, estamos perdidos pues la raíz de todos estos malentendidos no es ideológica, es de líneas de comunicación. No es que pensemos tan distinto, es que no hemos encontrado un lenguaje en común.

Si seguimos juzgando en vez de comprender, vamos a seguir tropezando con los mismos errores. Las generaciones no son enemigas, son piezas complementarias de un mismo rompecabezas. Pero si no hablamos, no encajaremos NUNCA.

Debemos de entender que no habrá transformación sin diálogo, estamos en un momento transicional muy importante. El mundo no solo necesita innovación tecnológica, necesita innovación humana. Y eso empieza por reconocer el valor de cada generación, sin nostalgia ni soberbia. La experiencia no debe ser un muro, sino un puente. La pasión de la juventud no es la amenaza, es el motor.

“La verdadera innovación no nace de algoritmos, sino de fricciones creativas entre experiencias y el atreverse”.

Si no hablamos, nos alejamos. Si no escuchamos, nos rompemos. Y si no aprendemos a trabajar juntos, la crisis no será solo laboral o económica, será existencial.

Construir organizaciones donde el “esto siempre se ha hecho así” choque de frente con el ”¿y si lo intentamos?”, y de ese impacto nazcan soluciones que ni ChatGPT podría predecir.

“Porque, al final del día, el cambio generacional no es un problema que resolver, es una necesidad que enfrentar”.

 

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¿Burnout? https://mindmore.com.mx/titulo-blog-2-2/ https://mindmore.com.mx/titulo-blog-2-2/#respond Tue, 10 Jun 2025 22:54:39 +0000 https://mindmore.com.mx/?p=265 Cuando el sistema te obliga a elegir entre tu vida y tu trabajo Por: Mario Alberto García Valdez | Chief Strategy Officer  Después de más de dos décadas en una gran corporación de telecomunicaciones construyendo equipos, lanzando proyectos innovadores y persiguiendo metas cada vez más ambiciosas, mi cuerpo y mente me enviaron una señal de […]

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Cuando el sistema te obliga a elegir entre tu vida y tu trabajo

Por: Mario Alberto García Valdez | Chief Strategy Officer 

Después de más de dos décadas en una gran corporación de telecomunicaciones construyendo equipos, lanzando proyectos innovadores y persiguiendo metas cada vez más ambiciosas, mi cuerpo y mente me enviaron una señal de alarma imposible de ignorar y fue ahí en donde lo entendí todo.

El estrés constante, las mil frustraciones de proyectos tirados a la basura, las noches sin dormir y la presión por cumplir metas cada vez más altas, habían pasado factura. Pero lo más doloroso fue darme cuenta de que, en el camino, había descuidado lo verdaderamente importante; tiempo con mi familia, mi salud y mi paz mental.

Fue entonces cuando tomé una de las decisiones más difíciles de mi vida; dejar mi trabajo y rechazar la oportunidad de seguir en la empresa para asumir nuevas responsabilidades en otras áreas. No porque no me gustara lo que hacía, sino porque entendí que ningún puesto ni salario valían más que mi bienestar. Y al hacerlo, descubrí una verdad que muchos no se atreven a decir.

“El burnout no es falta de capacidad, es el resultado de un sistema laboral que prioriza resultados sobre personas”.

A lo largo de mi carrera liderando equipos, he visto cómo muchas organizaciones repiten patrones dañinos sin cuestionarlos, empresas tradicionales que confunden largas horas en la oficina con compromiso real, algunas compañías “modernas” que prometen toda la flexibilidad, pero esperan que estés disponible siempre y líderes que hablan de equilibrio, pero solo promueven a quienes comprometen su vida y tiempo personal.

“No es que la gente no quiera trabajar duro. Es que ya no está dispuesta a destruirse por un trabajo.”

La realidad es clara, el burnout es esa sensación de estar atrapado en un ciclo interminable de exigencias laborales que consumen tu energía y tu paz. Yo lo viví en carne propia y entendí que ningún puesto ni salario valen más que tú.

Cada generación lo vive a su manera, mi Generación X dedicó años de esfuerzo a empresas que luego los reemplazaron sin más. Los Millennials buscaban trabajos con propósito, pero se encontraron con el sistema más precario de la historia y promesas vacías y la Generación Z no acepta discursos vacíos ellos si exigen flexibilidad real y salarios justos lo que les hace pensar en esas viejas estructuras que son inadaptados.

El problema no son las personas, sino un sistema laboral obsoleto que sigue midiendo el éxito por horas trabajadas en lugar de resultados. La solución está en construir culturas laborales más humanas, horarios racionales, respeto por el tiempo personal y líderes que escuchan.

La Farsa del “Cuidado Corporativo” hoy es muy común, en mi experiencia, he visto cómo los “talleres de bienestar” sirven para lavar la conciencia de empresas sobrecargadas, las “políticas flexibles” chocan con jefes que esperan respuestas a altas horas y la “innovación” se queda en discursos porque nadie tiene tiempo para pensar.

Yo lo aprendí por las malas es imposible pedir creatividad a alguien que está al borde del colapso.

Desde que tomé la decisión de dejar esa empresa, me he enfocado en crear entornos laborales más humanos en los que predominan los resultados sobre las horas, eliminando reuniones innecesarias y midiendo el éxito por impacto real con límites claros, nada de mensajes fuera del horario laboral y una transparencia necesaria en la que hablamos abiertamente de salud mental sin miedo.

Los resultados son totalmente distintos, equipos más comprometidos y creativos, menos rotación y más satisfacción y sobre todo personas que vuelven a disfrutar su trabajo.

Si pudiera hacer un llamado a la reflexión diría que mi experiencia me enseñó que el verdadero éxito profesional no está en los títulos ni en los salarios, sino en mantener el equilibrio y las relaciones que nos importan y en vidas más equilibradas.

Cada día puedes preguntarte si estás trabajando para vivir o viviendo para trabajar pues al final, ningún logro profesional justifica arder en silencio.

“El cambio comienza cuando dejamos de normalizar lo que nos destruye”.

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La gran mentira sobre las habilidades del futuro https://mindmore.com.mx/titulo-blog-2/ https://mindmore.com.mx/titulo-blog-2/#respond Tue, 10 Jun 2025 22:54:23 +0000 https://mindmore.com.mx/?p=263 Cuando el Talento No es Suficiente Por: Mario Alberto García Valdez | Chief Strategy Officer  En mi vida he trabajado con cientos de jóvenes brillantes; mentes rápidas, creativas, capaces de resolver problemas complejos en horas. Pero algo falla: pueden programar un nuevo algoritmo, pero no negociar un desacuerdo. Pueden hackear sistemas: pero no conectar con […]

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Cuando el Talento No es Suficiente

Por: Mario Alberto García Valdez | Chief Strategy Officer 

En mi vida he trabajado con cientos de jóvenes brillantes; mentes rápidas, creativas, capaces de resolver problemas complejos en horas. Pero algo falla: pueden programar un nuevo algoritmo, pero no negociar un desacuerdo. Pueden hackear sistemas: pero no conectar con sus compañeros. La pandemia lo hizo aún más evidente; montones de genios que se volteaban a una pared en blanco al enfrentar un desafío emocional.

Ahí entendí una gran paradoja.

“Puedes tener la mente más brillante del mundo, pero si no sabes colaborar, gestionar frustraciones o aprender del pasado, tu potencial se queda encerrado”.

Día tras día viendo a jóvenes que mostraban un músculo cognitivo sorprendente, pero huesos sociales muy frágiles y que además los datos confirman pues según la OCDE (2023), el 60% de los profesionales menores de 30 años muestran dificultades para trabajar en equipo bajo presión. Un estudio del MIT (2024) reveló que, tras la pandemia, el 45% de los “talentos técnicos sobresalientes” abandonaron proyectos por conflictos interpersonales no resueltos.

En mi experiencia un joven puede desarrollar un prototipo de IA para diagnóstico médico en 72 horas en un evento de hack… pero también puede guardarlo en su computadora por miedo a que “le roben la idea”.

“El talento sin balance emocional social es como el mejor auto deportivo sin ruedas; mucha potencia, pero no puede llegar a ninguna parte”.

¿Por qué las nuevas generaciones luchan con esto? Por la Trampa de la Inmediatez Digital; crecen en un mundo de respuestas rápidas (Google, ChatGPT), pero la empatía y la negociación requieren paciencia y ambigüedad. Las redes sociales entrenan el monólogo, no el diálogo, el mundo de los likes vs. Los debates profundos.

La realidad es que no se estudia historia ni filosofía como antes y que se pierden los patrones de las crisis pasadas, por ejemplo cómo se negoció la paz tras algunas guerras o cómo se gestionaron pandemias históricas.

Algunos rasgos de hoy son la autosuficiencia digital al configurar un servidor y la ineficiencia emocional para no pedir ayuda si esto se colapsa. La ansiedad por desempeño en un mundo que les exige “ser los mejores”, el fracasar es inaceptable.

El Futuro es de pensamiento “Híbrido” (Cognitivo + Emocional) los proyectos más exitosos no son los más complejos técnicamente, sino los que combinan el código con comunicación clara; innovación disruptiva con ética aplicada.

El mundo avanza hacia roles que aún no existen, pero todos comparten un denominador común que es el balance entre la inteligencia emocional social con el conocimiento o habilidades duras.

Dejemos de pensar en estas nuevas habilidades como paradigmas indesifrables; el futuro laboral no solo necesita expertos en código y algoritmos, sino profesionales capaces de tender puentes entre la tecnología y las personas. Surgen roles como los Ingenieros de Empatía, especialistas en diseñar interacciones humano-IA que conserven la esencia de lo humano en cada parte del proceso. Su misión; asegurar que la tecnología amplifique, nunca reemplace, nuestra capacidad de conectar.

Junto a ellos, los Arquitectos de Equilibrio Laboral que redefinirán las culturas organizacionales, construyendo espacios donde la productividad conviva con el bienestar mental. Su desafío será demostrar que el rendimiento máximo no nace del agotamiento, sino de la armonía entre objetivos y salud emocional.

Y en un mundo hiperconectado pero fragmentado, los Estrategas de Colaboración Global que aparecerán como maestros de la conexión intercultural. Dominarán herramientas digitales con una sensibilidad humana única, tejiendo redes de colaboración entre equipos dispersos que, pese a la distancia física, logren crear con una cohesión que muchas oficinas tradicionales envidiarían.

Estas profesiones no son un futuro lejano, sino la evolución natural de un mercado laboral que finalmente comprende que la tecnología más avanzada sigue siendo ciega sin la guía de nuestra inteligencia emocional colectiva.

El dato clave: Según el Foro Económico Mundial, el 65% de los empleos del 2030 dependerán de habilidades que las máquinas no pueden replicar, como la creatividad y la gestión de relaciones.

Hay algo que entendí después de muchos años de ver genios chocar contra paredes emocionales.

“Detrás de cada algoritmo bien desarrollado, cada interfaz perfecta, cada sistema inteligente o un modelo disruptivo, siempre habrá algo que la tecnología nunca podrá replicar; el momento humano en que una idea nace de la empatía, se fortalece en la colaboración y se hace grande cuando trasciende en las personas”.

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¿Capacitar o transformar? https://mindmore.com.mx/titulo-blog/ https://mindmore.com.mx/titulo-blog/#respond Tue, 10 Jun 2025 20:32:46 +0000 https://mindmore.com.mx/?p=248 La decisión estratégica que define el futuro de tu empresa Por: Mario Alberto García Valdez | Chief Strategy Officer  Uno de los momentos más reveladores ocurrió hace algunos años, cuando trabajaba dentro de la empresa de telecomunicaciones más grande de Latinoamérica. Fui testigo del esfuerzo de formación más ambiciosos para mi hasta entonces: cientos de […]

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La decisión estratégica que define el futuro de tu empresa

Por: Mario Alberto García Valdez | Chief Strategy Officer 

Uno de los momentos más reveladores ocurrió hace algunos años, cuando trabajaba dentro de la empresa de telecomunicaciones más grande de Latinoamérica. Fui testigo del esfuerzo de formación más ambiciosos para mi hasta entonces: cientos de colaboradores capacitados en liderazgo, innovación, agilidad, comunicación y propósito. El objetivo era muy claro: prepararlos para una nueva etapa organizacional, más dinámica, competitiva y centrada en el talento.

Sin embargo, algo no cuadraba pues a pesar de todo el movimiento, la emoción inicial se desvanecía muy rápido. Los jóvenes talento, quienes habían recibido la formación, comenzaban a abandonar la empresa. Los líderes regresaban a sus estilos de siempre. Las barreras internas seguían intactas.

Recuerdo muy bien el programa de liderazgo diseñado para acelerar el crecimiento de jóvenes con alto potencial. Se le decía el “semillero de jóvenes con talento más importante del país”. Durante semanas, se sumergieron en contenidos modernos, talleres de ideación, metodologías “Lean”, “Agile” y participativas además de espacios de reflexión. Pero meses después, muchos ya no estaban. Se fueron frustrados por no poder aplicar lo aprendido, por volver a estructuras rígidas, gerencias autoritarias y procesos que les decían, sin palabras, que todo lo que habían aprendido era “pura teoría”, pero no sucedería en la práctica real.

Sentí una cubeta de agua fría en la cara, en una institución de ese tamaño era casi imposible aceptarlo.

“No basta con formar personas. Hay que transformar el sistema”.

Lo que muchas empresas aún no ven es la diferencia de la capacitación a la transformación. Esta historia no es única. En muchas organizaciones, sobre todo las que quieren evolucionar, hay una gran confusión: creer que capacitar es sinónimo de transformar.

La capacitación tiene un rol importante. Es útil para transmitir conocimientos, desarrollar habilidades puntuales, actualizar metodologías. Pero por sí sola no cambia la cultura, no modifica estructuras, no alinea incentivos ni soluciona contradicciones profundas en la forma de operar.

Ahí es donde entra una consultoría estratégica de verdad como Mindmore.

Nosotros no llegamos con un catálogo de cursos. Llegamos a escuchar, a diagnosticar, a entender la complejidad del sistema y co-crear soluciones integrales con los líderes de la organización.

“Nuestro trabajo no es enseñar algo nuevo, sino hacer que lo nuevo pueda nacer y crecer en un ecosistema que lo respalde y lo sustente”.

A diferencia de una empresa de capacitación, que entrega contenido prediseñado, una consultoría estratégica interviene en los elementos estructurales de la organización: cómo se toman las decisiones, cómo se lidera, cómo se mide el éxito, cómo se integran distintas generaciones y cómo se vive —o no— la estrategia que la empresa promueve.

El impacto es sistémico y sostenible. Porque no solo cambiamos lo que la gente sabe hacer, sino lo que la organización les permite ser.

El verdadero reto son la cultura, coherencia y generaciones.

Uno de los desafíos más complejos para las organizaciones actuales es la gestión de su cultura. Y no se trata de su eslogan, frases en las paredes o videos institucionales. La cultura se vive en lo cotidiano: en los correos que se responden o se ignoran, en la forma en que se lidera una junta, en los silencios incómodos cuando alguien propone algo nuevo, en los ascensos que se dan y en los que no.

Muchos líderescreen que con talleres se resuelve el choque generacional o la resistencia al cambio. Pero ignoran que la cultura se expresa en lo que no se dice en los cursos. Se expresa en lo que se premia, en lo que se castiga, en lo que se tolera.

Cuando una empresa afirma que promueve la innovación, pero penaliza el error. Cuando presume su compromiso con el talento joven, pero no lo escucha. Cuando habla de colaboración, pero los incentivos son individualistas…

“El problema no es de capacitación, es de coherencia”.

Y esa incoherencia no solo es visible, es dolorosa. Los colaboradores —especialmente las nuevas generaciones— perciben esa disonancia y la viven como una forma de maltrato simbólico.Se sienten engañados, desmotivados, frustrados. Se preguntan: ¿Para qué tanto rollo si al final todo sigue igual? Ese sentimiento mata la confianza, la motivación y el compromiso.

“Lo que más deteriora la cultura no es lo que hace falta, sino lo que se dice y no se cumple”.

Si ya has invertido en capacitación, lo que tu empresa necesita y no has visto resultados sostenibles, probablemente no sea porque tu gente no aprendió.Es porque tu sistema no ha cambiado.

Una consultoría no ofrece recetas, ni contenidos genéricos.Diseña procesos de transformación adaptados a la realidad, retos y visión de cada cliente. Intervenimos en los niveles donde ocurre el cambio real: en la estrategia, la estructura, la cultura y la experiencia de talento.

La clave no está en elegir entre consultoría o capacitación, sino en entender cómo ambas pueden y deben coexistir con propósito y dirección adecuada. La consultoría estratégica establece el rumbo, detecta las verdaderas causas de los problemas, redefine las reglas del juego y crea las condiciones necesarias para el cambio. La capacitación, cuando está alineada a esa visión y responde a necesidades reales del sistema, potencia el proceso y habilita a las personas para sostener la evolución. Juntas, no suman: multiplican. Porque no se trata solo de aprender más, sino de transformar mejor.

Lo que aprendí desde dentro en una de las organizaciones más complejas de América Latina, hoy se implementa en empresas que saben que su futuro no se construye con discursos, sino con decisiones valientes.

La gran pregunta es:

¿Seguirás invirtiendo en más cursos, o te atreverás a transformar tu organización desde la raíz?

 

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